Vid
Prosperidad, éxito y buena salud por un tiempo. En todas las tradiciones se considera a la vid como sagrada y al vino la bebida de los dioses, que incluso en el cristianismo se convierte en la sangre de Cristo en el rito de la Eucaristía. Y es que el vino estimula y procura una ligereza que parece vencer a la fuerza de la gravedad, pues hace volar al alma y la fantasía, permitiendo al hombre participar fugazmente de un modo de ser atribuido a los dioses.
Pero, además, el vino simboliza la riqueza y el conocimiento al ser un producto típico de la civilización que sólo puede lograrse aunando una serie de factores que ya de por sí implican riquezas y conocimiento: un clima templado y soleado, cepas fecundas y seleccionadas, trabajo y constancia en su cultivo, conocimientos especializados para su fermentación y crianza y, por último, cuidados casi maternales para su mejora y conservación. Y a todo esto podemos añadir su fruto, el racimo de uvas, símbolo de fecundidad y sacrificio.




